
«Dios prepara para vosotros un porvenir de paz y no de desgracia; Dios os quiere dar un futuro y una esperanza.»
Multitudes aspiran hoy a un porvenir de paz, a una humanidad liberada de las amenazas de la violencia. Si algunos están sobrecogidos por la inquietud ante el futuro y se encuentran inmovilizados, hay también, a través del mundo, jóvenes creativos, llenos de inventiva.
Estos jóvenes no se dejan llevar por una espiral de taciturnidad. Saben que Dios no nos ha hecho para estar pasivos. Para ellos, la vida no está sometida a los azares de la fatalidad. Son conscientes: lo que puede paralizar al ser humano es el escepticismo o el desánimo.
Estos jóvenes buscan también, con toda su alma, preparar un porvenir de paz, y no de desgracia. Aunque ni se lo imaginen, consiguen hacer de su vida una luz que ilumina ya a su alrededor. Son portadores de paz y de confianza allá donde se dan el estremecimiento y las hostilidades. Perseveran incluso cuando la prueba o el fracaso pesan sobre sus espaldas.
Nos encontramos en un período en el que muchos se preguntan: ¿pero qué es la fe? La fe es una confianza muy sencilla en Dios, un impulso de confianza indispensable, retomada sin cesar en el trans curso de la vida. En cada uno, puede haber dudas. No tienen nada de inquietante. Quisiéramos, sobre todo, escuchar el susurro de Cristo en nuestros corazones: «¿Tienes dudas? No te inquietes, el Espíritu Santo permanece siempre en ti. » Hay quien ha hecho este descubrimiento sorprendente: el amor de Dios puede florecer también en un corazón tocado por las dudas.
Una de las primeras palabras del Cristo en el Evangelio es esta: « ¡Dichosos los corazones sencillos! ». Sí, dichosos los que avanzan hacia la simplicidad, la del corazón y la de la vida. Un corazón sencillo busca vivir el momento presente, acoger cada día como un hoy de Dios. El espíritu de simplicidad, ¿no se transparenta tanto en la alegría serena como en el buen ánimo? Un corazón sencillo no tiene la pretensión de comprender por sí mismo el todo de la fe. Se dice: es poco lo que yo comprendo, otros lo entenderán mejor y me ayudarán a proseguir el camino.
En el Evangelio, se nos ofrece descubrir esta realidad asombrosa : Dios no creó ni el miedo ni la inquietud, Dios no puede sino darnos su amor. Por la presencia de su Espíritu Santo, Dios viene a transfigurar nuestros corazones. Y en una oración muy sencilla, podemos presentir que nunca estamos solos: el Espíritu Santo sostiene en nosotros una comunión con Dios, no por un instante, sino hasta la vida que no termina.

3 comments
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3 Enero, 2008 a 13:14
Dorli
Estamos en esta humanidad del siglo XXI frecuentemente entre la espada y la pared.
Existencialmente pudiera parecer que no hay salida… pero ¡¡La hay!!
porque,
¿qué es la vida del hombre sino un suspiro que ya pasó?
o una mala noche en una pésima posada… pero, en estos últimos tiempos que nos ha tocado vivir estamos llamados a traer la Esperanza a nuestros coetáneos, a devolverles la confianza en un Dios que TODO lo puede.
A Él la Gloria, el Honor, el Poder por los siglos de los siglos. ¡AMEN!
texto precioso el del Hno. Roger.
4 Enero, 2008 a 23:04
creerparaver
Ciertamente, los cristianos estamos llamados a dar motivos para la Esperanza. Y en estos tiempos en el que los hombres andamos tan despistados y confundidos, tan vacios de sentido, debemos mas que nunca testimoniar con nuestra vida que merece la pena vivir desde la fe y desde el autentico amor cristiano.
Por eso, en este nuevo año que hemos empezado, nuestro mejor proposito debe ser llenarnos de Dios en el encuentro personal con El y llevar a nuestra vida cotidiana la alegria de una vida entregada a hacer el Bien.
Caminemos alegres en la presencia de Dios y recordemos nuestra mision: ser luz y sal para los hombres que necesitan de esperanza.
Feliz año nuevo, Dorli! A todos Paz y Bien! Victor MB
5 Enero, 2008 a 09:31
Dorli
Amén, Victor.
Feliz año nuevo para tí.