¡Oh, Señor Dios mío!, ¿quién te buscará con amor puro y sencillo que te deje de hallar muy a su gusto y voluntad, pues que Tú te muestras primero y sales al encuentro a los que te desean?
Sí, es el Señor el que nos sale al encuentro. No podemos buscar sino porque hemos sido hallados primero, no podemos amar sino porque hemos sido amados primero. Desde esta conciencia, ¡qué sencilla es la humildad y qué espontánea la gratitud!
Desde esta certeza, Juan de la Cruz goza con esta locura del amor divino: si buscas, alaba pues ya te ha alcanzado su mirada. Por eso, no hay que temer si le podremos encontrar, sólo procurar que nuestra búsqueda sea “con amor puro y sencillo”. Que no es el problema si Dios se deja alcanzar o no, sino qué me mueve realmente para buscarle. ¿Qué deseo realmente cuando salgo en busca de Dios?
Si es a Él a quien deseo, pronto mis deseos se verán colmados. Saben bien los amigos de Dios que siempre, siempre, su gracia nos precede…


3 comments
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29 Mayo, 2008 a 22:08
Dorli
Por los caminos de este mundo, muchas veces se nos quede el corazón apegado a una persona, a un éxito profesional, a la misma naturaleza, tan bella y sugerente, de tal manera que lo que debiera servirnos para alabar a nuestro Hacedor, se nos convierta en piedra de tropiezo, en contradicción abierta.
Más, tras las heridas de alma y cuerpo, siempre podamos repetirle:
¿a quién iremos, Señor? ¡¡sólo Tú tienes palabras de Vida Eterna!!
30 Mayo, 2008 a 12:51
Álex
“No hay que pensar el aire
para que se filtre
al último rincón de los pulmones,
ni hay que imaginar la aurora
para que decore el nuevo día
jugando con los colores y las sombras.
No hay que dar órdenes
al corazón tan fiel,
ni a las células sin nombre
para que luchen por la vida
hasta el último aliento.
No hay que amenazar
a los pájaros para que canten
ni vigilar a los trigales
para que crezcan,
ni espiar la semilla de arroz
para que se transforme
en el secreto de la tierra.
En dosis exacta
de luz y de color,
de canto y de silencio,
nos llega la vida sin notarlo,
don incesantemente tuyo,
trabajador sin sábado,
Dios discreto.
Para que tu infinitud
no nos espante,
te regalas en el don
en que te escondes.”
(Benjamín González Buelta)
30 Mayo, 2008 a 19:19
creerparaver
Gracias, Álex, por este poema tan hermoso. Bien merece un post. Un abrazo cordial.