Llega el tiempo de verano, cuando cambia la actividad, cuando las ciudades se vacían un poco y se llenan las costas. Cuando las vacaciones (al menos ahora son en España) imponen un ritmo más tranquilo. También este tiempo puede tener sus acentos en la relación con Dios y los otros.
Pues sí, parece que uno termina junio, y el curso, un poco acelerado. Por los exámenes, por el desgaste del curso, porque los meses de trabajo han ido siendo intensos… y por eso hace falta descansar un poco. Dormir más, vivir un poco más despacio, mirar el reloj menos a menudo, prescindir de agendas. Cada quién sabemos qué es lo que nos descansa. Pero, sea lo que sea, no descansar “de” Dios, sino con Dios. Dejarle que “venga conmigo”, ser consciente de su presencia en mi vida, también en este tiempo de reposo.
Es tiempo de hacer muchas cosas que siempre apetecen, pero para las que nunca parezco encontrar el momento adecuado: leer alguna buena novela, ver alguna película pendiente, escribir a gente querida, hablar con los míos un poco más despacio… Si las vacaciones son largas, tal vez asomarme a espacios, realidades, gentes que normalmente no forman parte de mi vida… Es tiempo para recorrer espacios distintos.
También es tiempo para un poquito de calidad en la relación con Dios (porque si no, a veces parece que Dios cae en la parte del “trabajo” o la “obligación”, cuando resulta que puede ser fuente de encuentro y plenitud). Por eso este verano puede ser un tiempo para intentar conocerle más (leer sobre él, pensar, rezar algún rato, tratar de releer su presencia en mi vida).
Es un privilegio poder descansar (sí, es un derecho, pero como tantos otros, no siempre al alcance de todos). Y es una suerte tener una vida que, con sus altos y bajos, me va poniendo en contacto con gentes, con mundos, con historias (también la mía propia).
Por eso, el verano puede ser tiempo para una mirada agradecida al curso que se va. A lo bueno, que en estos meses ha sido fuente de alegría. A lo difícil, que ha podido ser escuela. A las gentes, las palabras, los momentos. Los retos. A Dios, por la oportunidad de vivir, elegir, caer y levantarme, aprender, amar, construir, imaginar, sentir, pensar, creer… Gracias.


5 comments
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1 Julio, 2008 a 09:12
Dorli
Te conduciré a la soledad, y allí hablaré a tu corazón.
Te llamaré por tu nombre y me reconocerás, porque Yo Soy tu Señor.
La sombra del Altísimo cae sobre tí, dando refrigerio a tus pasos cansados.
En el silencio de todo, allí te espero anhelante.
1 Julio, 2008 a 19:05
Elisa
Hola, me encontre por “Dioscidencia” con tu blog, y quiero felicitarte, la verdad es que siempre encuentro temas muy interesantes y llenos del amor de Dios. Gracias por todo lo que nos compartes, sigue adelante!!!
Que Dios te siga llenando de Bendiciones
Saludos desde México
Elisa
1 Julio, 2008 a 22:34
Víctor
Gracias, Dorli, por lo que has escrito. Qué encontremos durante este verano un tiempo de silencio interior donde nos sea mas fácil escuchar la voz de Dios.
Elisa, me alegro de que te guste el blog. Recibe un abrazo de bienvenida desde España.
2 Julio, 2008 a 20:35
Bigsplash
Así es. A propósito; hace algún tiempo escribí ¿Dónde Está La Fe?, que comparto ahora:
¿Será el alma como el hielo; un
lugar donde se congela todo,
incluso la fe?. ¿O será éste; su
febril razón para gritar su vuelta
y su reino entre las almas de
los hombres que ama el Señor?.
Quizás, ardan sus paredes, por
los siglos de los siglos; y un
día su fuego, jamás se consuma;
y cada hombre, y cada niño y
cada anciano y cada mujer
se hagan la Señal de la Cruz.
Entonces; cada mañana cuando
salga el sol; un ángel tomará lista
de cada hombre y cada niño y cada
anciano y cada mujer nuevos; que
ofrezcan vivas ofrendas de Pan y
Vino el en altar del Rey de la Vida.
© 2007 by Luis Ernesto Chacón Delgado
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Gracias por compartir “Desacansar con Dios” y congratulaciones por el blog.
2 Julio, 2008 a 23:46
Víctor
Gracias a ti, Luis Ernesto, por pasar por aquí y dejarnos algo de tí.