Aclaraciones sobre los hechos implicados en el nacimiento del llamado primer ‘bebé medicamento’
El pasado 12 de octubre nació en Sevilla el primer bebé seleccionado para curar a su hermano, que sufre una enfermedad hereditaria, la beta-talasemia major, anemia congénita severa que le obliga a someterse a constantes transfusiones sanguíneas.Mediante la técnica utilizada, el diagnóstico genético preimplantacional, los embriones obtenidos a través de la fecundación in vitro son examinados para seleccionar aquellos que no sean portadores del factor genético que puede dar lugar al desarrollo de la enfermedad heredada. Entre los seleccionados, se implantan en el útero materno aquellos embriones que presentan el perfil de compatibilidad genética más adecuado con el hermano enfermo. Los demás son destruidos o congelados.
Conviene aclarar al respecto las implicaciones morales que no han sido señaladas estos días por algunos medios de comunicación social.
Se ha calificado el hecho como un éxito y un progreso científico. Sin embargo, someter la vida humana a criterios de pura eficacia técnica supone reducir la dignidad de la persona a un mero valor de utilidad.Los hermanos a los que se les ha privado del derecho a nacer han sido desechados por no ser útiles desde la perspectiva técnica, violando así su dignidad y el respeto absoluto que toda persona merece en sí misma, al margen de cualquier consideración utilitarista. Por su parte, el hermano que finalmente ha nacido ha sido escogido por ser el más útil para una posible curación. Se ha conculcado de esta manera su derecho a ser amado como un fin en sí mismo y a no ser tratado como medio instrumental de utilidad técnica.

Conviene recordar a este respecto el documento de la Asamblea Plenaria de la Conferencia Episcopal Española, del 30 de marzo de 2006, Algunas orientaciones sobre la ilicitud de la reproducción humana artificial y sobre las prácticas injustas autorizadas por la ley que la regularán en España, que señala la injusticia que se comete con los seres humanos producidos en el laboratorio, al ser tratados “como un mero producto conseguido por el dominio instrumental de los técnicos”. “La dignidad del ser humano exige que los niños no sean producidos, sino procreados (…). Por tratarse de una relación puramente personal –no instrumental- la procreación es conforme a la dignidad personal del niño procreado, que viene así al mundo como un don otorgado a la mutua entrega personal de los padres”. Respecto a la práctica de la que hoy hablamos, se dice también en el mismo documento: “Los planteamientos emotivos encaminados a justificar estas prácticas horrendas son inaceptables. Es cierto: hay que curar a los enfermos, pero sin eliminar nunca para ello a nadie. La compasión bien entendida comienza por respetar los derechos de todos, en particular, la vida de todos los hijos, sanos y enfermos”.
El hecho feliz del nacimiento de un bebé sano no puede justificar la instrumentalización a la que ha sido sometido y no basta para presentar como progreso la práctica eugenésica que ha supuesto la destrucción de sus hermanos generados in vitro.
La Iglesia desea prestar su voz a aquellos que no la tienen y a los que han sido privados del derecho fundamental a la vida. Con estas aclaraciones no se juzga la conciencia ni las intenciones de nadie. Se trata de recordar los principios éticos objetivos que tutelan la dignidad de todo ser humano.
Conferencia Episcopal Española. Madrid, 17 de octubre de 2008



5 comments
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24 Octubre, 2008 a 13:19
Javier
Lo que está sucediendo en la sociedad de hoy es que las personas, ante la ausencia de una conciencia que marque su vida, se deja llevar por el sentimentalismo, la piedad y lo inmediato, ya que no son capaces de ver más allá de la primera impresión: falta el sentido trascendente de la vida.
Es por ello que ante la imagen de un niño feliz y sano y que además va a salvar a su hermano, todos expresamos una inmensa alegría (quién puede no sentirla!). La sorpresa es que al descubrir lo que ha llevado consigo la creación in-vitro de este ser humano, es decir, la destrucción de varios hermanos, la mayoría de la gente no se plantea que esto suponga problema alguno, ya que no es palpable, no es inmediato, no se acerca a nuestros sentidos ni toca el corazón como el recién nacido y la alegría de sus padres. Nadie expresa alegría al ver un embrión de un día desarrollándose, y, lo que es peor, la mayoría de la sociedad no siente tristeza y vergüenza de ver cómo miles de embriones son congelados o destruidos cada día en beneficio de satisfacer algo más visible para la gente.
Sólo quien es capaz de ver más allá de lo cercano, quien percibe que el mismo padre del niño enfermo y de su hermano recién nacido es el padre de los embriones que se han destruido en la prueba, será capaz de estremecerse ante la atrocidad que se está cometiendo en los laboratorios.
24 Octubre, 2008 a 22:36
Víctor
Gracias, Javier, por tu buen comentario.
Al hombre sin fe le falta orientación en su vida, vive en sombras; no sabe quién es ni cual es el sentido de la vida. El hombre sin Dios, es un hombre atrofiado, incapaz de desarrollarse plenamente como persona. Sencillamente, el hombre sin Jesucristo no puede vivir en la Verdad.
Que nunca falte el testimonio de los cristianos, el nuestro de cada día, aunque a veces se nos haga difícil dar razones de nuestra fe.
3 Noviembre, 2008 a 21:35
Dr. Zhivago
Estoy de acuerdo en casi todo, Víctor, pero esa afirmación tan categórica de que “el hombre sin Jesucristo no puede vivir en la Verdad.” me parece demasiado excluyente para el resto de los mortales, no te parece?
Saludos, compadre.
3 Noviembre, 2008 a 22:52
Víctor
Hola, compadre! Gracias, ante todo, por entrar aquí y dejar tu comentario.
No quiero que veas esa afirmación que comentas como “categórica”, “excluyente” o condenatoria. Nada más lejos!
Querido Dani, con esa frase quiero decir que cuando uno tiene la experiencia de conocer y amar a Jesucristo por la fe, su vida es realmente plena. Todo se llena de sentido, todo se hace auténtico, verdadero. A eso me refiro cuando digo vivir en la Verdad, esa que libera al hombre de tantas ataduras y lo conecta con su propia esencia: la de amar como Dios le ama. Como supondrás esto no es nada fácil de llegar a creer con tanta confianza como para ponerlo en práctica fielmente. Por eso se dice que el cristano está caminado siempre. Ese camino es el que han trazado seres como tu y como yo, con sus talentos y miserias personales. Me refiero a los santos, canonizados o no, que descubrieron la esencia de la vida humana cuando se encontraron con Jesús.
Ese resto de mortales al que aludes, supongo que refiendote a los no creyentes, no son menos que los otros, ni nada por el estilo, entre otras cosas porque son igualmente hijos de Dios. Muchos viven como cristianos sin llamarse así mismos cristianos. Viven también en la Verdad. Por el motivo que sean no han conocido a Jesús o lo conocen mal y algo les impide reconocerlo. Aquí no hay hombres de primera ni de segunda. Ese lenguaje no sería evangélico!
Por eso, termino ya, no quiero que me consideres “excluyente”. Entre otras cosas (tú me conoces) porque yo soy un cristiano muy mediocre, no soy modelo de nada ni para nadie. Pero, sobre todo, porque mi deseo es que la gente conozca a Jesús y se encuentren con Él de verdad. No quiero excluir a nadie, todo lo contrario, desearía que todos participarán de este gran tesoro que es Jesucristo.
Un abrazo y besos a mi ahijado Gonzalo!
5 Noviembre, 2008 a 23:50
Dr. Zhivago
Aclarado queda, amigo.
Por supuesto que te conozco y sé que predicas desde la humildad, pero esa frase me dejó un poco confuso.
Un abrazo