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El pasado 24 de octubre la pólítica colombiana Ingrid Betancourt recibió el Premio Príncipe de Asturias de la Concordia. El galardón la reconoce como símbolo de la lucha por la democracia y la libertad y la distingue por “la fortaleza, dignidad y valentía” con las que se enfrentó “a seis años de injusto cautiverio” por la guerrilla de las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia (FARC), de la que fue liberada hace dos meses por una operación militar en la selva colombiana.
Os ofrecemos los videos de su discurso en la entrega del premio, así como algunos fragmentos del mismo.
Este año, en lugar del XXXII domingo del tiempo ordinario, se celebra la fiesta de la dedicación de la iglesia-madre de Roma, la Basílica de San Juan de Letrán, dedicada en un primer momento al Salvador y después a San Juan Bautista. ¿Qué representa para la liturgia y para la espiritualidad cristiana la dedicación de una iglesia y la existencia misma de la iglesia, entendida como lugar de culto? Tenemos que comenzar con las palabras del Evangelio: “Pero llega la hora (ya estamos en ella) en que los adoradores verdaderos adorarán al Padre en espíritu y en verdad, porque así quiere el Padre que sean los que le adoren”.
Jesús enseña que el templo de Dios es, en primer lugar, el corazón del hombre que ha acogido su palabra. Hablando de sí y del Padre dice: “vendremos a él, y haremos morada en él” (Juan 14, 23) y Pablo escribe a los cristianos: “¿No sabéis que sois santuario de Dios?” (1 Co 3, 16). Por tanto, el creyente es templo nuevo de Dios. Pero el lugar de la presencia de Dios y de Cristo también se encuentra “donde están dos o tres reunidos en mi nombre” (Mt 18, 20). El Concilio Vaticano II llama a la familia “iglesia doméstica”, es decir, un pequeño templo de Dios, precisamente porque gracias al sacramento del matrimonio es, por excelencia, el lugar en el que “dos o tres” están reunidos en su nombre.
¿Por qué, entonces, los cristianos damos tanta importancia a la iglesia, si cada uno de nosotros puede adorar al Padre en espíritu y verdad en su propio corazón o en su propia casa? ¿Por qué es obligatorio ir a la iglesia todos los domingos? La respuesta es que Jesucristo no nos salva por separado; vino a formar un pueblo, una comunidad de personas, en comunión con Él y entre sí.


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