
La Epifanía es la historia de un viaje de ida y vuelta. Dios vino a los suyos en pobreza y debilidad y los suyos no lo reconocieron ni lo recibieron. Este viaje es la Epifanía, la manifestación de Dios a los hombres. La vida del creyente es también la historia de un viaje, un viaje al encuentro de Dios. Si Dios sale a mi encuentro, yo también tengo que salir a su encuentro. Navidad es la cita del amor de Dios con cada uno de nosotros. Navidad es el viaje de Dios que sale a nuestro encuentro. ¿Hay sitio en tu corazón? ¿Estoy dispuesto a acudir a la cita del amor?
Todos de pequeños hemos jugado a lanzar piedras en algún estanque o algún lago. ¿Quién lanzaba la piedra más lejos? ¿Quién hacía más ondas? Jesús fue, por así decir, como una piedra lanzada en el Oriente. La primera onda alcanzó a los judíos. La segunda onda a los gentiles. La tercera y la cuarta… hasta llegar a nosotros. Y hasta que la última llegue a toda la humanidad y conecte con el acontecimiento Cristo. Ondas de amor y de luz emanan de la piedra Cristo y alcanzan a muchos hombres.
Este evangelio de los Magos debiera ser el evangelio de nuestra historia personal. No basta que digas: ¡qué hermosa la historia de los tres Reyes Magos!. ¡Qué suerte la de los tres Reyes guiados por la estrella!. ¡Qué suerte la de Jesús que le ofrecieron oro, incienso y mirra! No, tienes que dejarte tocar por el evangelio. Mi vida es una eterna pregunta: ¿Dónde está el Rey que ha nacido para ir a adorarle? Mi vida es esta búsqueda y este viaje hacia Dios. Búsqueda a pesar de las dificultades del camino, a pesar de que la estrella se oculte, a pesar de que la vida no me sonríe, a pesar de que el mundo parece hundirse, a pesar de los escándalos y las traiciones…

Los Magos hicieron un largo viaje, la cita era en Belén, la cita era con el Rey, el jefe, el pastor de Israel, con un niño recién nacido. Los Magos que no tenían ni los profetas, ni las promesas, ni las tradiciones, ni la esperanza de un Mesías… se pusieron a viajar en busca de Dios. Los Magos, unos extranjeros, vinieron a enseñar a los judíos una estrella que brillaba en su propio cielo y no la habían visto. Los Magos, unos sacerdotes paganos, vinieron a enseñar a los judíos, los herederos, que el Señor ya había viajado hasta nosotros.
Los judíos, los sacerdotes, los escribas y Herodes siguieron estudiando la Biblia, pero no se pusieron en camino. Nunca hicieron el viaje al lugar de la cita, Belén, a la cita con Jesús. Los profesionales de la religión no encontraron al Dios de la vida. Su libro santo no les sirvió de nada. Porque Jesús no es un libro, es el Salvador. Más tarde estos profesionales rechazaron y mataron a Jesús y a sus seguidores.
Hermanos, hay que viajar al lugar de la cita del amor y con el amor. Hay que viajar y preguntar el camino como los Magos y no descansar hasta encontrar al Rey. Hay que viajar, sin regresar a los Herodes, que quieren matar el amor de Dios que llevamos todos dentro. Hay que viajar al encuentro del Dios que nos ha visitado en su hijo. Hay que viajar sin maletas, con el corazón abierto para adorar a Dios.
“Hemos visto su estrella y venimos a adorarlo”.

5 comments
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6 Enero, 2009 a 02:54
Alicia
Me ha encantado tu propuesta de viaje. Y me inspiró para escribir en mi blog. Gracias por ayudarme a ver con claridad!.
6 Enero, 2009 a 15:34
analia
Mientras leo hoy por acá, pienso.
Me impactó esto: “…Nunca hicieron el viaje al lugar de la cita, Belén, a la cita con Jesús. Los profesionales de la religión no encontraron al Dios de la vida. Su libro santo no les sirvió de nada. Porque Jesús no es un libro, es el Salvador.”
Me impactó dicho así, y me dejó pensando. Nadie, ninguno…está libre de que esto le pase. Y en esto no hay vueltas: o damos un paso decidido a vivir la vida desde Jesús, o nos quedamos con ideas románticas e ingenuas acerca de ser cristianos y personas de Dios.
Es para mí el desafío de este año, y de esta vida. Eso quiero, deseo, busco. En viaje para adentro, poder llegar a ese punto donde Jesús nace (dentro) darle todo lo que traigo, ponerlo a sus pies, dejarme encontrar, dejarme conmover, dejarme sorprender por Él. Ir con ojos nuevos hacia Él. Sin teorías y pretensiones de “saberlo”, sin rebusques raros. Así, como los magos, a corazón abierto: vieron la señal y fueron a ver.
Y desde ese lugar, salir al mundo, al encuentro de los otros, y a vivir lo cotidiano. No es fácil, al menos a mí me cuesta en algunas situaciones.
Un abrazo Víctor, nos encontramos en camino…
6 Enero, 2009 a 22:37
Víctor
Me alegro, Alicia, de que te inspirara este texto. Y las gracias a ti, por pasar por aquí y dejar un comentario. Visitaré tambien tu blog. Hasta pronto.
Saludos, Analía, me ayuda tu reflexión. Ese camino lo hacemos procurando hacer de forma extraordinaria las cosas ordinarias de nuestra vida diaria. Es nuestro reto y merece la pena no despistarse para no equivocarse de ruta. Ni tampoco estar tentados de tomar atajos para evitar el esfuerzo.
En camino vamos, cada uno a un ritmo. Dios, menos mal, es paciencia infinita.
Abrazos!
6 Enero, 2009 a 23:35
analia
Acá de nuevo.
Me había quedado con esto:”Hay que viajar, sin regresar a los Herodes”…
Dice el Evangelio que “volvieron a su tierra por OTRO camino”. Se me ocurre que debiera haber ese movimiento en nuestro corazón después de haber podido participar de la “revelación”. Volver a lo nuestro (a nuestra tierra) por un camino nuevo, para que nada atente con matar a Jesús naciendo.
No se puede volver como si nada si uno fue invitado al encuentro.
Me llevo esto ahora: un camino NUEVO/OTRO camino para volver a “mi” tierra.
Es la primera vez que el Evangelio del día de reyes me llega tan hondo. Me dejó inquieta.
7 Enero, 2009 a 22:08
edwin
es la primera ves q pienso enserio entregar mi vida a jesus por q solo el es el camino ala vida con el todo es paz amor y alegria.