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Madre del Resucitado, mujer de entereza y fortaleza; Virgen de la fidelidad en medio del dolor y la muerte; lámpara que permaneciste encendida cuando muchas se apagaron; llama encendida que contagiaste ilusión; mujer valiente y orante que siempre creíste a tu Hijo.
LLENA NUESTRO CORAZÓN DE ALEGRÍA PASCUAL.
Hija del Padre que cantaste las maravillas del Dios de la historia que se pone de parte de los pobres y excluidos; mujer nunca resignada ante lo injusto y lo adverso, pero siempre dispuesta a ver en todas las cosas el paso salvador de Dios; caminante discreta que seguías los pasos de tu Señor y Mesías sin querer robar el protagonismo a los apóstoles de tu Hijo:
LLENA NUESTRA CORAZÓN DE ALEGRÍA PASCUAL.
Espejo de justicia y santidad, que no te gusta la mentira, la doblez de corazón, el disimulo, la murmuración o la envidia; trono de sabiduría que aguantas nuestros mantos y nuestras joyas, pero que encauzas nuestra generosidad hacia tus hijos más pobres; cuidadora solícita de las familias que nutres nuestros hogares de ternura y compasión; fortaleza de enfermos que sabes estar cerca de quien se le mueve los cimientos de la vida cuando aparece la enfermedad o la posible muerte.
LLENA NUESTRO CORAZÓN DE ALEGRÍA PASCUAL.
Madre de la Iglesia, que quieres que seamos comunidades abiertas, acogedoras y solícitas; que mantienes las llamas de nuestros cirios siempre encendidos…
LLENA NUESTRO CORAZÓN DE ALEGRÍA PASCUAL.

En estos días pascuales sentiremos a menudo resonar las palabras de Jesús: “He resucitado y estaré siempre con vosotros”.
Haciéndose eco a este anuncio, la Iglesia proclama exultante: “¡Sí, estamos seguros! ¡El Señor verdaderamente ha resucitado, aleluya! ¡A Él gloria y poder por los siglos”. Toda la Iglesia en esta fiesta manifiesta sus sentimientos cantando: “Este es el día de Cristo el Señor”…
…Y nosotros, resucitados con Cristo mediante el Bautismo, debemos ahora seguirlo fielmente en la santidad de vida, caminando sin parar a la Pascua eterna, con el apoyo de una toma de conciencia de que las dificultades, las luchas, las pruebas, los sufrimientos de la existencia humana, incluida la muerte ahora ya no podrán más separarnos de Él y de su amor.
Su resurrección ha creado un puente entre el mundo y la vida eterna, en el que cada hombre y cada mujer pueden llegar a alcanzar la verdadera meta de nuestro peregrinaje terreno…

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