madre teresa de calcuta

Las apariencias, tantas veces, engañan. El valor de las cosas no depende de su tamaño, ni de su brillo, ni del ruido que producen. Hay pequeñas cosas, detalles menudos, que de pronto son capaces de convertirse en protagonistas de todo un paisaje. Jesús, como haría un buen director de cine, sabe acercar unas veces su cámara a un detalle que parecía insignificante, y hacer que crezca, que se destaque y se adueñe de la pantalla; otras, en cambio, pasean su mirada con indiferencia, sin detenerse siquiera, sobre sucesos y personas que acaparan la atención de la gente.

Es que Él tiene otra manera de ver las cosas, otra escala de valores. Para Él, por ejemplo, lo importante no es dar, sino darse. Por eso, no lo engaña el ruido de un torrente de monedas cayendo en el cepillo del Templo: es un ruido engañoso, porque viene de alguien que da de lo que le sobra. Pero los oídos atentos de su corazón captan un sonido casi imperceptible: el que producen, al caer en el cepillo, dos moneditas; las está echando, casi a escondidas, una pobre viuda. Jesús percibe que ahí está latiendo un corazón; ahí hay alguien que se está dando a sí mismo.

Entonces toma Jesús ese trozo de vida y nos lo pone delante de los ojos. Llama a sus discípulos y les dice: ‘Os aseguro que esa pobre viuda ha echado en el cepillo más que nadie. Porque los demás han echado de lo que les sobra, pero ésta, que pasa necesidad, ha echado todo lo que tenía para vivir’.

Hemos saltado la apariencia, tantas veces engañosa, para llegar a la verdad profunda de las cosas. Puede ser falso, por mucho ruido que produzca, el gesto de unos grandes donativos: si parten de personas que ‘dan de lo que les sobra’. En cambio, quien da ‘todo lo que tenía para vivir’, por poco que sea, se está colocando a la cabeza de la lista; porque se está dando a sí mismo.

Estamos tocando el fondo de una entrega absoluta, de una confianza plena, de un gran amor. Para Dios, no importa ‘cuánto’ damos; ¿acaso Él necesita algo de nosotros? Por mucho que le ofrezcamos, siempre será nada si el amor no le da peso. Lo que a Él le interesa no es lo que tienes: le interesas tú. En la medida en que te des en lo que das, el humo de tu incienso subirá derecho hasta el trono de Dios. Domund, Campaña contra el Hambre, Caritas, Día de la Iglesia Diocesana… El dinero no tiene, para Dios, ningún valor en sí mismo. Pero cuando es expresión de un corazón que ama, cuando es vida que se comparte, entonces sí, adquiere alma, toma peso y valor para el Reino . Porque ya no estás dando de lo tuyo; menos aún, de lo que te sobra: eres tú mismo el que te estás dando. Tu dinero cobra sentido y valor, adquiere vida y da vida, cuando va junto con tu oración, con tu cariño, con tu tiempo y tu esfuerzo por hacer un mundo mejor. Así, sí.

  

 

 Evangelio según san Marcos (12,38-44):

En aquel tiempo, entre lo que enseñaba Jesús a la gente, dijo: «¡Cuidado con los escribas! Les encanta pasearse con amplio ropaje y que les hagan reverencias en la plaza, buscan los asientos de honor en las sinagogas y los primeros puestos en los banquetes; y devoran los bienes de las viudas, con pretexto de largos rezos. Éstos recibirán una sentencia más rigurosa.»
Estando Jesús sentado enfrente del arca de las ofrendas, observaba a la gente que iba echando dinero; muchos ricos echaban en cantidad; se acercó una viuda pobre y echó dos reales. Llamando a sus discípulos, les dijo: «Os aseguro que esa pobre viuda ha echado en el arca de las ofrendas más que nadie. Porque los demás han echado de lo que les sobra, pero ésta, que pasa necesidad, ha echado todo lo que tenía para vivir.»

 

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