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Padre, en aquellos momentos en que cuestionan mi fe,
dame serenidad y fuerza.
Señor, cuando yo mismo me pregunte quien soy y quien eres para mí,
ayúdame a sentir tu Amor.
Que crea Padre, como el ciego,
que confíe en Ti, que espere en Ti…
y que descubra quién eres en mi vida.
Que me aferre, Señor, al Padre que ama, que cuida y protege a sus hijos.
Y me aleje de la imagen castigadora y distante del fariseo…
Porque al final siempre eres ternura, entrega y generosidad.
Que la oración sea mi agua de Siloé,
que tu Palabra sea el encuentro en el camino,
que mi fe sea mi vista,
que no se cierren mis ojos, que vea al mirar.
Que me deje hacer por Ti como el ciego de Siloé…
Y que mi boca bendiga tu nombre por haber experimentado tu Amor recibido.

“La Iglesia vive de la Eucaristía. Esta verdad no expresa solamente una experiencia cotidiana de fe, sino que encierra en síntesis el núcleo del misterio de la Iglesia.” (Ecclessia de Eucharistia, 2003)
“Nunca podré expresar mi gran alegría: todos los días con tres gotas de vino y una gota de agua en la palma de la mano, celebraba la misa… Me encogía en la cama para celebrar la misa de memoria, y repartía la comunión pasando la mano bajo el mosquitero. Fabricamos bolsitas con el papel de los paquetes de cigarrillos para conservar el Santísimo Sacramento. Llevaba siempre a Jesús eucaristía en el bolsillo de la camisa” (N. Van Thuan).
“Si me encontrara por el camino a un sacerdote y a un ángel, yo saludaría primero al sacerdote y luego al ángel. ¿Por qué? Porque el sacerdote es quien nos da a Cristo en la Eucaristía”. (San Francisco de Asís)
A punto de cumplir un año desde que comenzó este blog, ya hemos superado las 50.000 visitas. Muchas gracias a todos.
Ojalá que quienes hayáis pasado por aquí hayáis encontrado un momento para la reflexión, la meditación o la oración. Deseo que dure mucho tiempo gracias a vuestro interés este humilde “apostolado” en la red.
A todos, especialmente a los “incondicionales”, MUCHAS GRACIAS y que Dios os siga bendiciendo la vida.
¡Paz para todos!

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«Que sea necesario para evitar un grave peligro para la vida o la salud o física o psíquica de la embarazada»;
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«que el embarazo sea consecuencia de un hecho constitutivo de delito de violación del artículo 429, siempre que el aborto se practique dentro de las doce primeras semanas de gestación y que haya denuncia»,
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y «que se presuma que el feto habrá de nacer con graves taras físicas o psíquicas, siempre que el aborto se practique dentro de las 22 semanas de gestación».
El mundo que se asoma al tercer milenio está lleno de excluidos. Esta es una de las mayores denuncias a una sociedad que se construye sobre el orillamiento de los débiles. 
“Las culebras sólo muerden a los descalzos” (Monseñor Romero) y los descalzos son voz profética que llama a las puertas de la Iglesia y grita: ¿Dónde y con quién estás? ¿Qué haces con la luz?
Sin embargo, el Espíritu que sopla donde quiere, suscita hoy personas que abren los ojos y el alma, abren las puertas y las ventanas, abren el corazón para estar con los excluidos de tierra y dignidad, de pan y de paz.
Todos los que abren los brazos a la solidaridad, los que ponen sal y luz en la oscuridad y el sinsentido, son la mejor continuación de María, la mujer que se estremeció cuando Dios le dijo que estaba con ella, cuando todo un Dios miró su pequeñez.
- Frente al deseo de “ser uno mismo”, María es la mujer que acepta “ser desde otro”. Esta aceptación la lleva al gozo y a la libertad. María es imagen de la Iglesia, que no sabe vivir sin su Señor.
- El saludo de Dios tiene una hermosísima traducción y concreción siempre que un ser humano le dice a otro: “Estoy contigo”; cuando se reinicia el diálogo entre los pueblos, y se acortan las distancias; cuando entre los hombres y mujeres de todos los mundos se establece un guiño de complicidad y las manos se unen en proyectos de solidaridad. .
- Dios está con el mundo, comprometido con todos los seres humanos. Por doquier ha dejado sus huellas. María le ha abierto el espacio para que pueda plantar su tienda. En ella comienza la Iglesia, en la que Dios habita.
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Mirando a María, sabemos que somos lugar para Dios. Mirando a Dios, sabemos que somos lugar para todos los excluidos. “Mil gracias derramando pasó por estos sotos con presura, y yéndolos mirando, con solo su figura, vestidos los dejó de hermosura” (Juan de la Cruz).
En la penumbra de la sacristía de la Santa Cruz de Coimbra, mirando el cuadro de Vasco Fernándes, ella coge mi mano y dice que el don de lenguas no fue más que un simple prodigio. Que el verdadero milagro consistió en que los apóstoles salieron, hablaron al corazón de la gente, y la gente entendió.
RICARDO REIS
En la actualidad ya hemos (todos los que pasáis por aquí) recibido más de 15.000 visitas. Fortuitamente o a próposito, habéis entrado aquí. Algunos habrán pasado de largo, unos habran repetido más de una vez y otros sé que lo haceis a menudo. A los que dejaís un comentario, por pequeño que sea, doblemente gracias. Porque nos enriquecéis con vuestras líneas de cariño y hondura personal. A tí, que dejas aquí la huella de tu alma, GRACIAS. A todos los que leéis Creer para ver, por pararos un rato en este rincón humilde de la red, GRACIAS. De corazón.
Y como regalo os invito a saborear esta Palabra que llena de sentido el título de este blog: CREER PARA VER.
Un gran abrazo de Paz.
Víctor MB. Read the rest of this entry »
Nadie dijo que fuera fácil. Jesús nos seduce, y nos provoca, nos instala y nos desinstala, nos llena de calma y nos mete de lleno en la tormenta. También el Resucitado aparece de modo enigmático. No se le reconoce, y cuando se le reconoce, se vuelve a ir. Te enciende por dentro, y luego no aparece, se le adivina en algunos momentos y se le añora en otros. Y quizás esa tensión es lo más necesario para mantenernos vivos tras sus huellas.
Así me siento a veces, Señor. Asombrado por la lógica de tu evangelio, pero poco incapaz para aplicarla. Deseoso de amar sin límites, pero sin saber muy bien cómo salir de mi amor pequeño. Sobrecogido por la verdad que se adivina en las bienaventuranzas, pero al tiempo seducido por esas otras promesas de este mundo. Así me vivo, Señor, tratando de entenderte desde las entrañas y el corazón, de respirar al ritmo de tu latido en las vidas. Queriendo reconocerte en el día a día. Y, reconociéndote, amarte y seguirte.
Así vivo el evangelio. En ocasiones me llena de coraje, de impulso, de energía. Entonces parece que no hay obstáculo grande. Cada proyecto parece asequible. Y siento que, contigo, todo lo puedo. Gritar tu nombre, luchar por tu Reino, amar al prójimo, gastar la vida… y otras veces me asusta todo eso.
Me da miedo el silencio, la soledad, el fracaso, el rechazo, la pobreza o el dolor.
Me asusta buscarte y no encontrarte. Me aterra perderte. Y así me vivo, Señor, dando pasos, a veces vacilante, otras seguro. Queriendo seguir tu camino. Y, encontrándote, sentirme en casa.
Hay ocasiones en que te siento fuerte en mí. Otras en que no me siento capaz de nada.
Días en que Tú eres mi fortaleza, mi baluarte, mi roca, mi seguridad, mi resurrección; otras en que eres mi grito, mi llanto, mi cruz y mi herida. Y otras en que ni te siento. Hay días en que creo que mis brazos pueden ser refugio y casa para acoger a quien se sienta hambriento de prójimo. Y otras en que esos brazos míos ni se levantan para pedir ayuda.
En el libro de la calle encontramos a veces los pensamientos más sabios.
“Clama a mi y yo te responderé y te enseñaré cosas grandes y ocultas
que tú no conoces” (Jeremías 33, 3)
CREER PARA VER
Este blog ha sido galardonado con el Premio Arte y Pico por nuestra querida amiga Dorli
Gracias y que Dios te bendiga

¡Señor Jesús!
Mi Fuerza y mi Fracaso
eres Tú.
Mi Herencia y mi Pobreza.
Tú, mi Justicia,
Jesús.
Mi Guerra y mi Paz.
¡Mi libre Libertad!
Mi Muerte y Vida,
Tú,
Palabra de mis gritos,
Silencio de mi espera,
Testigo de mis sueños.
¡Cruz de mi cruz!
Causa de mi Amargura,
Perdón de mi egoísmo,
Crimen de mi proceso,
Juez de mi pobre llanto,
Razón de mi esperanza,
¡Tú!
Mi Tierra Prometida
eres Tú…
La Pascua de mi Pascua.
¡Nuestra Gloria por siempre
Señor Jesús!
Frena tu lengua para que no se desboque; di siempre menos de lo que piensas. Cultiva una voz baja y persuasiva; la forma como lo dices a veces cuenta más que lo que dices.
Nunca dejes pasar la oportunidad para decir una palabra amable y alentadora.
Elogia el trabajo bien hecho, sin importar quién lo hizo.
Interésate en los demás: en sus ocupaciones, su bienestar, sus hogares y su familia. Haz que todos, sin importar lo humilde que sean, sientan que tú los consideras importantes.
Sé jovial, oculta tus dolores, tus preocupaciones y tus desengaños bajo tu sonrisa animosa y sincera. Ríe francamente cuando oigas un buen chiste y aprende a contarlo tú también.
Debes mantener tu mente abierta a los problemas. Puedes discutir, pero sin disputar.
Deja que tus virtudes hablen por sí solas y no menciones los vicios de los demás. No alientes la murmuración. Debes imponerte no decir nada sobre personas cuando no sea algo bueno.
Ten mucho cuidado con los sentimientos de los demás. Los chistes y bromas, a expensas de otros, pocas veces valen la pena decirlos, pues hieren donde menos se espera.
No pongas atención a comentarios malévolos acerca de ti, simplemente vive de tal modo que nadie los crea.
Domingo XXIX (C) del tiempo ordinario
En aquel tiempo, Jesús les decía una parábola para inculcarles que es preciso orar siempre sin desfallecer. «Había un juez en una ciudad, que ni temía a Dios ni respetaba a los hombres. Había en aquella ciudad una viuda que, acudiendo a él, le dijo: ‘¡Hazme justicia contra mi adversario!’. Durante mucho tiempo no quiso, pero después se dijo a sí mismo: ‘Aunque no temo a Dios ni respeto a los hombres, como esta viuda me causa molestias, le voy a hacer justicia para que no venga continuamente a importunarme’».
Dijo, pues, el Señor: «Oíd lo que dice el juez injusto; y Dios, ¿no hará justicia a sus elegidos, que están clamando a él día y noche, y les hace esperar? Os digo que les hará justicia pronto. Pero, cuando el Hijo del hombre venga, ¿encontrará la fe sobre la tierra?».
«Es preciso orar siempre sin desfallecer»
Hoy, Jesús nos recuerda que «es preciso orar siempre sin desfallecer» (Lc 18,1). Enseña con sus obras y con las palabras. San Lucas se nos presenta como el evangelista de la oración de Jesús. Efectivamente, en algunas de las escenas de la vida del Señor, que los autores inspirados de la Escritura Santa nos transmiten, es únicamente Lucas quien nos lo muestra rezando.
En el Bautismo en el Jordán, en la elección de los Doce y en la Transfiguración. Cuando un discípulo le pidió «Señor, enséñanos a orar» (Lc 11,1), de sus labios salió el Padrenuestro. Cuando anuncia las negaciones a Pedro: «Yo he rogado por ti, para que tu fe no desfallezca» (Lc 22,32). En la crucifixión: «Padre, perdónales, porque no saben lo que hacen» (Lc 23,34). Cuando muere en la Cruz: «Padre, en tus manos pongo mi espíritu», del Salmo 31. El Señor mismo es modelo de la oración de petición, especialmente en Getsemaní, según la descripción de todos los evangelistas.
—Puedo ir concretando cómo elevaré el corazón a Dios en las distintas actividades, porque no es lo mismo hacer un trabajo intelectual que manual; estar en la iglesia que en el campo de deportes o en casa; conducir por la ciudad que por la autopista; no es lo mismo la oración de petición que el agradecimiento; o la adoración que pedir perdón; de buena mañana que cuando llevamos todo el cansancio del día. «Más consigue aquel que importuna más de cerca… Por tanto, acércate a Dios: esfuérzate por ser santo».
Santa María es modelo de oración, también de petición. En Caná de Galilea es capaz de avanzar la hora de Jesús, la hora de los milagros, con su petición, llena de amor por aquellos esposos y llana de confianza en su Hijo.









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