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«Eso de lo que me acusan, es motivo de orgullo para mí»

Cuando ejecutaron a su padre, María tenía tan sólo tres años, pero narra su martirio como quien narra algo que tiene muy reciente. Se sabe las fechas, los días y los traslados que hizo su padre de una cárcel a otra como si hubiera estado a su lado en todo momento. Ser hija de mártir es algo que ha marcado la vida de María Cassinello; la suya, y la de toda su familia.
José Cassinello Barrueca tenía 42 años cuando, el 19 de agosto de 1936, al poco de proclamarse el Alzamiento, fue detenido en Almería. Había sido militar hasta que, gracias a la ley Azaña, se retiró y se puso a estudiar para hacerse corredor de comercio. El sueldo de militar era insuficiente para mantener a una gran familia como la que ellos empezaban a tener.
  

Aun así, le detuvieron por haber sido «militar, de derechas, religioso y miembro de la Adoración Nocturna». Al principio le condenaron a estar un año y un día en la cárcel. Al poco tiempo le sacaron, y permaneció en su casa alrededor de un mes. Durante todo ese tiempo, la gente le aconsejaba que huyera, pero no quiso dejar a sus hijos ni a su mujer solos. Al poco tiempo volvieron por él: «Entonces ya no le juzgaron -relata su hija María-. Se lo llevaron a una cárcel provincial, y estuvo en esa cárcel hasta el día 3 de mayo, el día de la Cruz, cuando se lo llevaron a Turón, junto con 259 personas más. Aquello era como un campo de concentración, vivían en la iglesia, en la mayor de las miserias (había parásitos, tenían que hacer sus necesidades en la sacristía porque no había aseos…), y los pusieron a trabajar en lo que ellos llamaban la Cuesta de la amargura, una carretera vecinal de la Alpujarra granadina. El 31 de mayo, fiesta de Nuestra Señora de Todas las Gracias, le pegaron un tiro en la nuca en esa misma carretera».  

José Cassinello no está entre los 498 mártires que beatificarán el próximo 28 de octubre en Roma. Sin embargo, su Proceso, junto a otros mártires de Almería (entre los que figura su hermano, asesinado brutalmente meses antes), también está cerrado desde el año 1998, y se esperan noticias de Roma con fecha para la ceremonia de beatificación.
Durante su Proceso, en el que también están incluidos 95 sacerdotes y 22 seglares, la familia Cassinello aportó los documentos que tenían sobre su padre y las circunstancias de su muerte.
Entre otras cosas, la familia guardaba las pocas cartas que su padre dirigió a su madre mientras estaba en la cárcel. Lograron comunicarse gracias al termo de café: «Cuando estaba mi padre en la cárcel -cuenta su hija María-, mi madre le mandaba café. Un día le llegó a mi madre el recado de que el café estaba agrio. Lo limpió bien, pero mi padre insistía enviando el mismo recado. Entonces, un día mi madre empezó a manipular el termo, y se encontró con una carta de mi padre. Se estuvieron escribiendo, aunque poco, pues tenían miedo de que los descubrieran. En la última (cuyo texto manuscrito ilustra estas líneas), dice:  

 

«Ánimo, esposica, es poco, pido de ti más, mucho más que ánimos. Ya sabes: “Hágase tu voluntad así en la tierra como en el Cielo”. Nos ha ayudado mucho, nos ha protegido mucho, y ¿por qué no seguirá ayudándonos? Mucha fe y más esperanza. Esto será, Dios mediante, corto, y tienes que sobreponerte a todo. Mucho has hecho; pues has de hacer más; mucho has sufrido, pues dispuesta a sufrir más, y con la sonrisa y alegría en tus ojos y en tus labios, que es mi alegría. A luchar y ya sabes que nada somos. (…) Te entrego el certificado de mi condena, guárdalo, que eso y de lo que me acusan es motivo de orgullo para mí. En fin, hasta que Dios quiera, que ojalá sea tan pronto como lo deseo. Tuyo siempre, Pepe» .