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Es ley de Dios que tú y yo nos amemos. Es fuerza que me ayudes y te ayude. Nadie es tan indigente que no tenga algo que dar; nadie tan rico que no sienta necesidad que otros puedan colmarle.

Yo no puedo andar sin el cayado de tu brazo y tú sin el del otro o sin el mío. Nadie lo tiene todo y nadie nada. Por eso hemos de dar lo que tenemos y lo que no, pedirlo humildemente.

José Luis Gago, OP
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