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gesucat-b.jpg“La violencia no puede ser en efecto un instrumento del amor, así como tampoco la indiferencia. El amor, no debe tener miedo. No son las grandes teorías las que salvan el mundo, sino más bien, el coraje hacia los vecinos, la humildad de seguir la voz del corazón, que es la voz de Dios”.

Dios viene sin armas porque no quiere conquistar desde fuera, sino ganar desde dentro, transformar desde el interior”.

“Y Dios es bueno. Dios no es un ser sublime y alejado, al cual nunca se puede llegar. Se halla totalmente próximo, al alcance de la voz, y se le puede alcanzar siempre. Él tiene tiempo para mí, tanto tiempo que hubo de yacer en un portal y que permanece siempre como hombre”.

 “El rasgo esencial de la persona es realmente parecerse a Dios, ser una persona que ama; la humanidad y cada uno de nosotros sólo puede existir si existe el amor y enseña el camino del amor. ”

“El amor no hay que aprenderlo como se aprende, por ejemplo a tocar el piano o a manejar un ordenador… hay que coaprenderlo siempre… de una persona ejemplar, de unos padres, de un encuentro, de una amistad… Lo importante es no buscarse a sí mismo por encima de todo, sino experimentar el camino de darse y, en consecuencia, el del correcto recibir.”

“Ser santo no comporta ser superior a los demás; por el contrario, el santo puede ser muy débil, y contar con numerosos errores en su vida. La santidad es el contacto profundo con Dios: es hacerse amigo de Dios, dejar obrar al Otro, el Único que puede hacer realmente que este mundo sea bueno y feliz”.

Si hemos descubierto el Amor, si hemos descubierto el rostro de Dios, tenemos el deber de contarlo a los demás. No puedo mantener sólo para mí una cosa grande, un amor grande, debo comunicar la Verdad” .

Benedicto XVI

«Para que hoy la fe pueda crecer

tenemos que llevar nosotros mismos

a los hombres y mujeres con que nos cruzamos

a entrar en contacto con la belleza».

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paul-iconb11.jpgEl papa Benedicto XVI proclamó en la basílica de San Pablo Extramuros, al sur de Roma, el “Año Paulino”, dedicado a San Pablo, con motivo de los dos mil años del nacimiento del Apóstol de los Gentiles.

   Durante la proclamación, el Pontífice abogó por la unidad de los cristianos y dijo que al igual que en los inicios, Cristo también necesita hoy de apóstoles dispuestos a dar su vida por Él.

     El especial Año Paulino comenzará el 28 de junio de 2008 y se prolongará hasta el 29 de junio de 2009.

   El Año Paulino brindará la ocasión para redescubrir la figura del Apóstol, releer sus numerosas cartas dirigidas a las primeras comunidades cristianas, revivir los primeros tiempos de nuestra iglesia, profundizar en sus ricas enseñanzas a los “gentiles”, meditando en su vigorosa espiritualidad de fe, esperanza y caridad, peregrinar a su tumba y a los numerosos lugares que visitó, fundando las primeras comunidades eclesiales, revitalizar nuestra fe y nuestro papel en la Iglesia de hoy a la luz de sus enseñanzas, rezar y trabajar por la unidad de todos los cristianos en una Iglesia unida.

   Hablando por último del aspecto ecuménico, la capilla destinada al baptisterio, que se encuentra entre la basílica y el claustro de San Pablo Extramuros, se transformará en “Capilla Ecuménica”, manteniendo la característica de baptisterio con pila bautismal por una parte, pero se destinará a ofrecer a los hermanos cristianos que lo soliciten un lugar especial de oración, tanto para rezar en grupo como para orar unidos a los católicos, sin celebración de sacramentos”.

 “Porque de tal manera amó Dios al mundo, que dio a su Hijo unigénito, para que todo aquel que cree en El, no se pierda, mas tenga vida eterna”.  (Juan 3, 16 )
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Se le llama el “Libro del Papa”. Y es uno de los “best sellers” de este tiempo. Por lo cual hay que dar gracias al Señor que, por su gran bondad, ha hecho que apareciera este libro en esa categoría comercial, en lugar de otros que ciertamente no valen la pena, ni en sí mismos, ni mucho menos en comparación con éste. 

A continuacion presentamos algunas criticas y un fragmento del prólogo de este libro tan recomendable.

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En medio de la sombra y de la herida
me preguntan si creo en Ti. Y digo
que tengo todo cuando estoy contigo:
el sol, la luz, la paz, el bien, la vida.

Sin Ti, el sol es luz descolorida.
Sin Ti, la paz es un cruel castigo.
Sin Ti, no hay bien ni corazón amigo.
Sin Ti, la vida es muerte repetida.

Contigo el sol es luz enamorada
y contigo la paz es paz florida.
Contigo el bien es casa reposada
y contigo la vida es sangre ardida.

Pues, si me faltas Tú, no tengo nada:
ni sol, ni luz, ni paz, ni bien, ni vida.

José Luis Martín Descalzo

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Roturan los pies de Cristo la faz de la tierra, hundida, surcada con el peso de su amor. Un nuevo año abre sus puertas a nuestras vidas, y en un camino abierto que termina en el horizonte se nos invita a caminar.

Caminante, se hace camino al andar (A. Machado), y al andar Dios que se nos acerca y camina con nosotros (Lc 24,15), pues viene para comulgar con sus mortales con quienes Dios hombre se hace (Unamuno).

Durante el nuevo año, de formas diversas y nuevas, Dios entrará en comunión con nosotros. Comunión que es comunicación en Cristo, piedra angular donde todo se sustenta y convergen los caminos. Infinito capaz de expresarse en la minúscula geografía de la forma consagrada. Tensión que todo lo alcanza. Paz y remanso de turbulencias. Esperanza que rompe toda angustia. Alfa como puerta del sendero que conduce a la Omega, conjunción de toda perfección.

¡Oh, mi Jesús, tierno e incomprensible! ¡Cercano que lo logro abrazar, pues cuanto más fuerte te aprieto contra mi pecho, más se ensancha tu corazón! Oh, Señor, deja que escape mi amargura, que mis lágrimas salpiquen tu rostro y mis gemidos hieran tus oídos, pues cuanto más cerca te siento, más te separas de mi. Y así, escondiéndote y huidizo, habiéndome herido (Juan de la Cruz) me guías hacia el infinito, la trascendencia hacia donde todos nacemos abocados.

Será la nueva vida recorrida durante el año 2008 esfuerzo sacrificado para alcanzar el bien, lucha denodada contra el mal, defensa de la paz y de la justicia. Conllevará un desgaste que solo la Eucaristía podrá reparar.

La Eucaristía nos asimila con Dios de tal forma que podremos decir con Pablo al comulgar: “Ya no vivo yo, es Cristo quien vive en mí”. Y así, dejamos nuestro camino para adentrarnos por los surcos divinos de la Tierra en busca del hermano. Concebida de este modo, la Eucaristía desemboca necesariamente en los demás. El auténtico cristiano no puede comulgar a Jesús y desentenderse del hermano.

Los hambrientos de pan, de cultura, de verdad, de amor, quienes padecen la enfermedad y la maldad del opresor, los heridos por el odio, la muerte y la violencia, todos tienen hambre de Dios, pues solo Él calmará su dolor.

Ansiamos la libertad. Por eso, al andar por el camino no siempre descubrimos la verdad. La libertad no necesariamente conduce a la Verdad; a la inversa sí. Pues solo quien vive con la Verdad está inmune de pecado y, por tanto, logra la auténtica libertad. Decir quién salió a nuestro encuentro mientras recorríamos el camino de la vida resulta imposible; tan solo experimentamos que nuestro corazón ardía hasta explotar; sin embargo, el gozo del pecado, ¡ah, qué efímero fue el placer del pecado!

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   Sigamos de cerca el relato evangélico de la llegada de los Magos a Belén para descubrir en él alguna indicación práctica para nuestra vida. En esta narración, el evangelista no ha intentado referir «hechos» solamente, sino inculcar también cosas que «hay que hacer», indicar modelos a seguir o a evitar en quien lee.

   En el relato surgen claramente tres reacciones distintas al anuncio del nacimiento de Jesús: la de los magos, la de Herodes y la de los sacerdotes. Empecemos con los modelos negativos, a evitar.

Ante todo, Herodes: en cuanto se entera del acontecimiento «se sobresalta», convoca a asamblea a los sacerdotes y a los escribas, pero no para conocer la verdad, sino para tramar un engaño. Herodes representa a la persona que ya ha hecho su elección. Entre la voluntad de Dios y la suya, desde luego ha optado por la suya propia. No ve más que su interés, y está decidido a trucar cualquier cosa que amenace con perturbar este estado de cosas. Probablemente piensa hasta que cumple con su deber, defendiendo su realeza, su linaje, el bien de la nación. Asimismo ordenar la matanza de los inocentes debía parecerle, como a muchos otros dictadores de la historia, una medida requerida por el bien público, moralmente justificada. Desde este punto de vista también hoy el mundo está lleno de «herodes».

– Pasamos a la actitud de los sacerdotes y de los escribas. Consultados por Herodes y por los Magos para saber dónde había de nacer el Mesías, no dudan en dar la respuesta exacta. Saben dónde ha nacido el Mesías; son capaces de indicarlo también a los demás, pero ellos no se mueven. No corren a Belén, como sería de esperar de personas que aguardaban la llegada del Mesías, sino que se quedan cómodamente en Jerusalén. «Id -dicen-, y después comunicádnoslo…». Se comportan como las indicaciones de carretera: señalan el camino a seguir, pero permanecen inmóviles a los lados de la vía. Vemos simbolizada en ellos una actitud difundida igualmente entre nosotros. Sabemos bien qué implica seguir a Jesús: «ir tras Él» y, en caso necesario, lo sabemos explicar igualmente a los demás, pero nos falta el valor y la radicalidad de ponerlo en práctica hasta el final. Si todo bautizado es por eso mismo «testigo de Cristo», entonces la actitud de los sumos sacerdotes y de los escribas debe hacer reflexionar a todos. Ellos sabían que Jesús se encontraba en Belén, «la menor aldea de Judea»; nosotros sabemos que Jesús se encuentra hoy entre los pobres, los humildes, los que sufren…

– Y vayamos finalmente con los protagonistas de esta festividad, los Magos. Ellos no enseñan con las palabras, sino con los hechos; no con lo que dicen, sino con lo que hacen. No titubearon, se pusieron en camino; dejaron la seguridad del propio ambiente, de moverse con gente conocida que les reverenciaba. Actuaron consecuentemente, sin vacilación. Si se hubieran puesto a calcular uno a uno los peligros, las incógnitas del viaje, habrían perdido la determinación inicial y se habrían enredado en consideraciones vanas y estériles.

   Una última indicación preciosa nos llega de los Magos. «Avisados en sueños que no volvieran donde Herodes, se retiraron a su país por otro camino». Cuando se ha encontrado a Cristo, ya no se puede volver por el mismo camino. Al cambiar la vida, cambia la vía. El encuentro con Cristo debe determinar un hito, un cambio de costumbres.

R. Cantalamessa

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«Dios prepara para vosotros un porvenir de paz y no de desgracia; Dios os quiere dar un futuro y una esperanza.»

   Multitudes aspiran hoy a un porvenir de paz, a una humanidad liberada de las amenazas de la violencia. Si algunos están sobrecogidos por la inquietud ante el futuro y se encuentran inmovilizados, hay también, a través del mundo, jóvenes creativos, llenos de inventiva.

   Estos jóvenes no se dejan llevar por una espiral de taciturnidad. Saben que Dios no nos ha hecho para estar pasivos. Para ellos, la vida no está sometida a los azares de la fatalidad. Son conscientes: lo que puede paralizar al ser humano es el escepticismo o el desánimo.

   Estos jóvenes buscan también, con toda su alma, preparar un porvenir de paz, y no de desgracia. Aunque ni se lo imaginen, consiguen hacer de su vida una luz que ilumina ya a su alrededor. Son portadores de paz y de confianza allá donde se dan el estremecimiento y las hostilidades. Perseveran incluso cuando la prueba o el fracaso pesan sobre sus espaldas.

   Nos encontramos en un período en el que muchos se preguntan: ¿pero qué es la fe? La fe es una confianza muy sencilla en Dios, un impulso de confianza indispensable, retomada sin cesar en el trans curso de la vida. En cada uno, puede haber dudas. No tienen nada de inquietante. Quisiéramos, sobre todo, escuchar el susurro de Cristo en nuestros corazones: «¿Tienes dudas? No te inquietes, el Espíritu Santo permanece siempre en ti. » Hay quien ha hecho este descubrimiento sorprendente: el amor de Dios puede florecer también en un corazón tocado por las dudas.

   Una de las primeras palabras del Cristo en el Evangelio es esta: « ¡Dichosos los corazones sencillos! ».  Sí, dichosos los que avanzan hacia la simplicidad, la del corazón y la de la vida. Un corazón sencillo busca vivir el momento presente, acoger cada día como un hoy de Dios. El espíritu de simplicidad, ¿no se transparenta tanto en la alegría serena como en el buen ánimo? Un corazón sencillo no tiene la pretensión de comprender por sí mismo el todo de la fe. Se dice: es poco lo que yo comprendo, otros lo entenderán mejor y me ayudarán a proseguir el camino.

   En el Evangelio, se nos ofrece descubrir esta realidad asombrosa : Dios no creó ni el miedo ni la inquietud, Dios no puede sino darnos su amor. Por la presencia de su Espíritu Santo, Dios viene a transfigurar nuestros corazones. Y en una oración muy sencilla, podemos presentir que nunca estamos solos: el Espíritu Santo sostiene en nosotros una comunión con Dios, no por un instante, sino hasta la vida que no termina.

Hno. Roger, 2005

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CREER PARA VER

Padre, en aquellos momentos en que cuestionan mi fe dame serenidad y fuerza… Señor, cuando yo mismo me pregunte quien soy y quien eres para mí ayúdame a sentir Tu Amor … Que crea Padre, como el ciego, que confíe en Ti, que espere en Ti y que descubra quién eres en mi vida… Que me aferre, Señor, al Padre que ama, que cuida y protege a sus hijos, Y me aleje de la imagen castigadora y distante del fariseo… Porque al final siempre eres ternura, entrega y generosidad… Que la oración sea mi agua de Siloé, que tu Palabra sea el encuentro en el camino… que mi fe sea mi vista… que no se cierren mis ojos, que vea al mirar… Que me deje hacer por Ti como el ciego de Siloé… Y que mi boca bendiga tu nombre por haber experimentado tu Amor recibido.