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Así dice el Señor: «¿No será más bien este otro el ayuno que yo quiero: desatar los lazos de maldad, deshacer las coyundas del yugo, dar la libertad a los quebrantados, y arrancar todo yugo? ¿No será partir al hambriento tu pan, y a los pobres sin hogar recibir en casa? ¿Que cuando veas a un desnudo le cubras, y de tu semejante no te apartes? Entonces brotará tu luz como la aurora, y tu herida se curará rápidamente. Te precederá la justicia, la gloria del Señor te seguirá.»

 

Isaías 58, 6-8
Jesús, nuestra paz, por medio del Espíritu Santo tú vienes siempre junto a nosotros.
En lo profundo de nuestra alma tu presencia nos asombra.
Nuestra oración puede que sea muy pobre, pero tú rezas dentro de nosotros.
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