La francocolombiana Ingrid Betancourt, secuestrada por las FARC en 2002, se ha convertido en un símbolo del secuestro en Colombia, pues tras cinco años en poder de ese grupo rebelde su imagen ha dado la vuelta al mundo para recordar el drama que viven unas 3.000 personas en Colombia.

En esta Semana Santa tengamos especialmente presente en nuestra oración las zonas del mundo que viven en conflicto y a las personas secuestradas, como Ingrid Betancourt. Que el Señor reconforte a los que sufren e ilumine los corazones de quienes no conocen el Amor. 

Oración de un secuestrado

Don Fernando Araujo es el ministro de Asuntos Exteriores de Colombia, pero, en el IV Congreso Internacional sobre Víctimas del Terrorismo, celebrado en Madrid, participó en calidad de secuestrado de las FARC, que lo retuvieron durante seis años. Hubo una fuerza que lo sostuvo durante ese tiempo. El hoy ministro explicó cómo, cada mañana, se situaba mentalmente frente al sagrario de la parroquia de Bocagrande, que tan bien conocía. Y, frente a un altar imaginario, que revivía con fuerza, rezaba esta oración:

«Gracias, Señor, por tu amor, por tu bondad, por tu generosidad, por tu misericordia. Gracias por quererme, por acompañarme, por guiarme, por protegerme. Gracias por el amor que me has dado y por el don de la fe. Gracias por tu bondad y gratitud. Gracias por darme la paciencia que me permite posponer la realización de mis deseos y permanecer tranquilo. Gracias por la esperanza, por la tranquilidad y la serenidad que me permiten aceptar y vivir el presente. Gracias por el don de ser hijo de mis padres y padre de mis hijos; hermano de mis hermanos y amigo de mis amigos. Recuerda a estos hijos tuyos que estamos secuestrados. Recuerda también a quienes nos esperan, a quienes no nos recuerdan y a quienes nos olvidan».