Te conocía solo de oídas, pero ahora te han visto mis ojos. Es tan distinto saber de Dios como una rutina, una doctrina o una teoría… y saber de Dios como una presencia real que ha tocado mi vida. Es la diferencia entre leer una partitura y escuchar la música, entre leer un ensayo sobre el afecto o dar un abrazo a la persona amada.

A Dios estamos llamados a conocerlo como presencia, a descubrirlo cerca. No como una teoría o una leyenda, no como un mito ni como un cuento. Dios presente, vivo en ti y en mí, en sus criaturas, susurrándonos palabras de Evangelio, de Reino, de Vida….

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