El 14 de octubre del año pasado echó a andar este blog que nombré como Creer para Ver. Han pasado ya algo más de siete meses y continúo con la misma ilusión que el primer día, para seguir llenándolo de palabras e imágenes. Como sabréis este no es un blog personal o intimista, donde se escriben de puño y tecla experiencias personales (Los hay maravilosos, ¿verdad?) Es más bien una “revista” -por tratar de definirlo- donde edito aquello que me ayuda a ahondar en mi relación con Dios y con la Iglesia de la que formo parte.

En la actualidad ya hemos (todos los que pasáis por aquí) recibido más de 15.000 visitas. Fortuitamente o  a próposito, habéis entrado aquí. Algunos habrán pasado de largo, unos habran repetido más de una vez y otros sé que lo haceis a menudo. A los que dejaís un comentario, por pequeño que sea, doblemente gracias. Porque nos enriquecéis con vuestras líneas de cariño y hondura personal. A tí, que dejas aquí la huella de tu alma, GRACIAS. A todos los que leéis Creer para ver, por pararos un rato en este rincón humilde de la red, GRACIAS. De corazón.

Y como regalo os invito a saborear esta Palabra que llena de sentido el título de este blog: CREER PARA VER.

Un gran abrazo de Paz.

Víctor MB.

En aquel tiempo, al pasar Jesús vio a un hombre ciego de nacimiento. Y sus discípulos le preguntaron: “Maestro, ¿quien pecó, éste o sus padres, para que naciera ciego?” Jesús contestó: “Ni éste pecó ni sus padres, sino para que se manifiesten en él las obras de Dios. Mientras es de día, tenemos que hacer las obras del que me ha enviado; viene la noche, y nadie podrá hacerlas. Mientras estoy en el mundo, soy la luz del mundo.”Dicho esto, escupió en tierra, hizo barro con la saliva, se lo untó en los ojos al ciego y le dijo: “Ve a lavarte a la piscina de Siloé (que significa Enviado.” Él fue, se lavó, y volvió con vista. Y los vecinos y los que antes solían verlo pedir limosna preguntaban: “¿No es ése el que se sentaba a pedir?” Unos decían: “El mismo.” Otros decían: “No es él, pero se le parece.” Él respondía: “Soy yo.”
Y le preguntaban: “¿Y cómo se te han abierto los ojos?” Él contestó: “Ese hombre que se llama Jesús hizo barro, me lo untó en los ojos y me dijo que fuese a Siloé y que me lavase. Entonces fui, me lavé, y empecé a ver.” Le preguntaron: “¿Dónde está él?” Contestó: “No sé.”

 Llevaron ante los fariseos al que había sido ciego. Era sábado el día que Jesús hizo barro y le abrió los ojos. También los fariseos le preguntaban cómo había adquirido la vista. Él les contestó: “Me puso barro en los ojos, me lavé, y veo.” Algunos de los fariseos comentaban: “Este hombre no viene de Dios, porque no guarda el sábado.” Otros replicaban: ¿Cómo puede un pecador hacer semejantes signos?” Y estaban divididos. Y volvieron a preguntarle al ciego: “Y tú, ¿qué dices del que te ha abierto los ojos?” Él contestó: “Que es un profeta.”

Pero los judíos no se creyeron que aquél había sido ciego y había recibido la vista, hasta que llamaron a sus padres y les preguntaron: “¿Es éste vuestro hijo, de quien decís vosotros que nació ciego? ¿Cómo es que ahora ve?” Sus padres contestaron: “Sabemos que éste es nuestro hijo y que nació ciego; pero cómo ve ahora, no lo sabemos nosotros, y quién le ha abierto los ojos, nosotros tampoco lo sabemos. Preguntádselo a él, que es mayor y puede explicarse.” Sus padres respondieron así porque tenían miedo los judíos; porque los judíos ya habían acordado excluir de la sinagoga a quien reconociera a Jesús por Mesías. Por eso sus padres dijeron: “Ya es mayor, preguntádselo a él.”

Llamaron por segunda vez al que había sido ciego y le dijeron: “Confiésalo ante Dios: nosotros sabemos que ese hombre es un pecador.” Contestó él: “Si es un pecador, no lo sé; sólo sé que yo era ciego y ahora veo.” Le preguntan de nuevo: ¿Qué te hizo, cómo te abrió los ojos?” Les contestó: “Os lo he dicho ya, y no me habéis hecho caso; ¿para qué queréis oírlo otra vez?; ¿también vosotros queréis haceros discípulos suyos?” Ellos lo llenaron de improperios y le dijeron: “Discípulo de ése lo serás tú; nosotros somos discípulos de Moisés. Nosotros sabemos que a Moisés le habló Dios, pero ése no sabemos de dónde viene.” Replicó él: “Pues eso es lo raro: que vosotros no sabéis de dónde viene y, sin embargo, me ha abierto los ojos. Sabemos que Dios no escucha a los pecadores, sino al que es religioso y hace su voluntad. Jamás se oyó decir que nadie le abriera los ojos a un ciego de nacimiento; si éste no viniera de Dios, no tendría ningún poder.”

Le replicaron: “Empecatado naciste tú de pies a cabeza, ¿y nos vas a dar lecciones a nosotros?” Y lo expulsaron. Oyó Jesús que lo habían expulsado, lo encontró y le dijo: “¿Crees tú en el Hijo del hombre?” Él contestó: “¿Y quién es, Señor, para que crea en él?” Jesús les dijo: “Lo estás viendo: el que te está hablando, ése es.” Él dijo: “Creo, señor.” Y se postró ante él.

Jesús añadió: “Para un juicio he venido ya a este mundo; para que los que no ven vean, y los que ven queden ciegos.” Los fariseos que estaban con él oyeron esto y le preguntaron: “¿También nosotros estamos ciegos?” Jesús les contestó: “Si estuvierais ciegos, no tendríais pecado, pero como decís que veis, vuestro pecado persiste.”

Juan 9,1-41

ORACIÓN: 

ojos34Padre, en aquellos momentos en que cuestionan mi fe dame serenidad y fuerza…
Señor, cuando yo mismo me pregunte quien soy y quien eres para mí ayúdame a sentir Tu Amor …
Que crea Padre, como el ciego, que confíe en Ti, que espere en Ti y que descubra quién eres en mi vida…
Que me aferre, Señor, al Padre que ama, que cuida y protege a sus hijos,
Y me aleje de la imagen castigadora y distante del fariseo…
Porque al final siempre eres ternura, entrega y generosidad…
Que la oración sea mi agua de Siloé,
Que tu Palabra sea el encuentro en el camino…
Que mi fe sea mi vista…
Que no se cierren mis ojos,
Que vea al mirar…
Que me deje hacer por Ti como el ciego de Siloé…
Y que mi boca bendiga tu nombre por haber experimentado tu Amor recibido.

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