Betancourt y su familia en el Santuario de Lourdes

En estos días se habla en periódicos y telediarios de Ingrid Betancourt, liberada de las garras de los terroristas por el Ejército colombiano. Sin embargo, pocos medios que no sean católicos se han echo eco del extraordinario testimonio de fe de Ingrid Betancourt. El mundo entero ha recibido de esta mujer un poderoso mensaje de esperanza: Dios nunca nos falla. Aunque nos rodee la maldad.

He aquí algo de lo que ha dicho estos días:

Rezando a la Virgen

 

Vamos a ver si me sale la voz, porque estoy muy, muy emocionada. Acompáñenme, primero, a darle gracias a Dios, a la Virgen. Mucho le recé. Mucho me imaginé este momento con mi mamita. Gracias a Dios, primero; segundo, a todos ustedes que me acompañaron en sus oraciones, que pensaron en mí, que me tuvieron en su corazón, así fuera por un momentito; que, de pronto, sintieron compasión por nosotros los secuestrados…
Esta mañana, cuando me levanté, recé el Rosario, a las 4 de la mañana; me encomendé a Dios… Estuvimos esperando todo el día, no sabíamos qué… Oímos los helicópteros. Yo miré para arriba al cielo y pensé: ¡Qué curioso es sentir felicidad oyendo un helicóptero cuando, durante 7 años, cada vez que lo oigo me da miedo!… Nos dijeron que teníamos que subir esposados. Eso fue muy humillante. Rogaba a Dios que me diera fuerzas para aceptar las humillaciones que se iban a venir… Cerraron las puertas, y de pronto vi al comandante que durante cuatro años estuvo al mando de nosotros, que tantas veces fue tan cruel y tan déspota; lo vi en el suelo, en peloto, con los ojos vendados… No crean que sentí felicidad, sentí mucha lástima. Pero le di gracias a Dios de estar con personas que respetan la vida de los demás, aun cuando son enemigos. El jefe de la operación dijo: «Somos del Ejército nacional. Están en libertad». El helicóptero casi se cae, porque saltamos, gritamos, lloramos, nos abrazamos… No lo podíamos creer. Dios nos hizo este milagro. Esto es un milagro. Esto es un milagro que quiero compartir con ustedes, porque sé que todos ustedes sufrieron con mi familia, con mis hijos, sufrieron conmigo…

En un secuestro uno deja muchas plumas, como la soberbia, la terquedad… Llegué (a la selva) con una cantidad de necedades…, pero termina uno zafándose de eso, liberándose. La mano de la Virgen en este proceso es clara para mí.
Simplemente, uno tiene dos opciones: odiar, o entregarse a Dios y buscar en una espiritualidad mayor la paz del corazón. No los odio… Que Dios bendiga a mis captores. Espero que esta experiencia les permita cambiar su corazón. Es la hora de que rectifiquen…
Todos podemos ser ángeles o demonios para los demás. Cada uno de nosotros en su interior puede ser extraordinariamente bueno y extraordinariamente malo. Y todos podemos caer en ese horror de ser lobos para otros.

Lo que es cierto es que tengo una fe inmensa. Pienso que mi liberación es un milagro. Lo pienso realmente. Antes tenía fe, pero era una fe ritual. Creía, sí, pero sin mucha preocupación. En la jungla, no podía despreocuparme. La fe ha sido mi fuerza, una presencia absoluta. La veo y puedo tocarla… Todo se lo debo a Dios… Pertenezco a Jesús. Soy de su Sagrado Corazón y no he desfallecido ni un momento en la oración…
Ahora no puedo olvidar que dejo tras de mí a muchos seres humanos, víctimas de las FARC… (A los secuestrados) Estoy con vosotros. Sé que muy pronto podremos abrazarnos. Os amo, a cada uno de ustedes lo llevo escrito en mi corazón.

 

 

 

Anuncios