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A menudo, el único consuelo material para las víctimas de los conflictos es saber que, al menos, pueden contar con la Iglesia. Acaba de regresar a España la religiosa sor Presentación López Vivar, del Instituto de Religiosas de San José, de Gerona, tras sufrir la amputación de las piernas por una bomba, en el Congo. También es dramática la situación en Darfur, donde cientos de religiosos asisten, como pueden, a los dos millones de desplazados que huyen de la guerra.

«La única esperanza de los congoleños es Dios»

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«Desde el primer momento, sintiendo que podía morir, me puse en manos de Dios». Así empezaba el relato de su dolorosa experiencia la religiosa Presentación López, que el pasado 28 de octubre fue víctima de la explosión de una bomba, que le ha costado la amputación de ambas piernas, cerca de la casa que las religiosas de San José de Gerona tienen en la localidad de Rutshuru, en el norte de la provincia oriental congoleña de Kivu Norte, donde combaten desde agosto rebeldes tutsis y soldados del Gobierno.

 

 

Respecto a la situación actual en esa zona de África, sor Presentación explicó cómo, «después de tantos años de conflicto, la población espera solamente en Dios, porque no tienen otro sitio donde agarrarse, no saben dónde ir. Su única esperanza es Dios. Tienen mucha fe, y eso les da fuerza para soportar todo». Y todo significa desplazamientos, enfermedades y hambre. Hambre que no puede mitigarse con la ayuda internacional, porque -según explica- «esta ayuda no es suficiente. Lo dicen los propios refugiados que cuentan que a unos les llega y a otros no».  Pero, a pesar de todas las dificultades y de la experiencia tan dolorosa que ha vivido, esta religiosa, que ha trabajado en el Congo durante 15 años, sorprendió, durante su comparecencia ante los medios de comunicación el pasado lunes, con una declaración rotunda: «Si alguien me dijera que tengo que regresar al Congo, por la razón que sea, miedo no me da. No será por miedo por lo que yo no vaya. Volvería mientras fuera útil».