mwm04117

Vivir con pasión el amor al Señor y a todos es la clave del Evangelio. Pasión que no significa, ni mucho menos, fanatismo y, menos aún, hacer uso de ningún tipo de violencia, sino que verdaderamente nos creamos lo que significa Jesús, como Nuevo Templo de Dios.

 Tenemos siempre el peligro de aguar el Evangelio, es decir, de que perdamos parte de su significado como sal y luz. A Jesús le duele, sobre todo, nuestra falta de coherencia, nuestra falta de entrega o que no nos tomemos en serio lo más radical e importante del Evangelio, que no es otra cosa que vivirlo todo desde el amor de Dios y el servicio de los hermanos. Cuando es mi criterio y no el de Jesús, cuando es mi opinión y no la de Iglesia, cuando yo me convierto en la norma de todo, entonces puedo convertir la casa del Señor en un mercado donde todo vale y, sobre todo, acabo negociando con lo más justo y sagrado que tiene el Evangelio, el Templo de Dios que es Jesús, y los templos que son los corazones de los hermanos. Cuando no se ama, cuando no nos importa nada ni nadie, entonces, es mucho el daño que hacemos convirtiendo todo en un mercado, donde podemos comprar y vender, incluso negociando con las cosas de Dios. Sólo una verdadera conversión nos hace salir de nuestros egoísmos e intereses humanos.

Sólo la llamada profunda a dejar que sea la palabra de Dios la referencia de nuestra vida y la caridad la que nos impulse a entregarnos sin medida a los que sufren, haría que nuestra vida tenga el sello de autenticidad del Evangelio. Es muy conveniente y necesario tomarnos en serio el Evangelio, el seguimiento de Jesús, y vivir la caridad para que el espíritu de la Cuaresma impregne toda nuestra vida del gozo del Evangelio.

Lo más grave de nuestra vida es pensar y vivir como si la misma ya no tuviese solución. Es necesario recuperar la convicción de que todo lo puedo en Aquel que me conforta, como decía san Pablo. De manera especial, tenemos que pedirle al Señor que arroje de nuestro corazón todo aquello que anida en nosotros y que nos impide crecer en el Amor.

 Francisco Cerro

EVANGELIO III DOMINGO DE CUARESMA: Juan 2, 13-25

giotto-expulsion-temploEn aquel tiempo se acercaba la Pascua de los judíos y Jesús subió a Jerusalén. Y encontró en el templo a los vendedores de bueyes, ovejas y palomas, y a los cambistas sentados; y, haciendo un azote de cordeles, los echó a todos del templo, ovejas y bueyes; y a los cambistas les esparció las monedas y les volcó las mesas; y a los que vendían palomas les dijo: «Quitad esto de aquí: no convirtáis en un mercado la casa de mi Padre». Sus discípulos se acordaron de lo que está escrito: El celo de tu casa me devora.
Entonces intervinieron los judíos y le preguntaron: «¿Qué signos nos muestras para obrar así?» Jesús contestó: «Destruid este templo, y en tres días lo levantaré». Los judíos replicaron: «Cuarenta y seis años ha costado construir este templo, ¿y tú lo vas a levantar en tres días?»
Pero Él hablaba del templo de su cuerpo. Y cuando resucitó de entre los muertos, los discípulos se acordaron de que lo había dicho, y dieron fe a la Escritura y a la palabra que había dicho Jesús.
Mientras estaba en Jerusalén por las fiestas de Pascua, muchos creyeron en su nombre, viendo los signos que hacía; pero Jesús no se confiaba con ellos, porque los conocía a todos y no necesitaba el testimonio de nadie sobre un hombre, porque Él sabía lo que hay dentro de cada hombre.

Anuncios