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Mi alma tiene sed del Dios vivo: ¿cuándo veré el rostro de Dios? Como busca la cierva corrientes de agua, así mi alma te busca a ti, Dios mío. Tiene sed de Dios del Dios vivo: ¿cuándo entraré a ver el rostro de Dios? Envía tu luz y tu verdad: que ellas me guíen y me conduzcan hasta tu monte santo, hasta tu morada. Que yo me acerque al altar de Dios, al Dios de mi alegría; que te dé gracias al son de la cítara, Dios, Dios mío.

Salmo 41

La búsqueda de Dios es apasionada, gozosa; siempre florece en los que están enamorados de un Dios que nos ha tocado el corazón con su hermosura. Está llena de imágenes, de colorido, de frescura, de luz; está llena de vida. Muchos orantes la han convertido en un gemido vivo. San Agustín y San Juan de la Cruz nos prestan sus palabras: “Exhalaste tu perfume, y respiré, y suspiro por Ti. Gusté de Ti, y siento hambre y sed. Me tocaste, y me abraso en tu paz”. “¿Adónde te escondiste, Amado y me dejaste con gemido? Salí tras ti corriendo…”. Si no estamos así de enamorados, digamos al menos, que nos gustaría estarlo para buscar a Dios como “busca la cierva las corrientes de agua”.

Llama al Espíritu y pídele su luz y verdad, para que te guíen en la vida de cada día. Únete a todos los enamorados de Dios y di con ellos: “Mi alma tiene sed de ti, Dios vivo”, “mi alma te busca a ti, Dios mío”. Acércate a Dios con gozo, pues es el Dios de tu alegría y cántale al son de la cítara de tu corazón.

A veces buscamos a Dios con tan pocas ganas que cualquier dificultad es un enorme impedimento que nos cierra el paso. Buscarlo hoy, cuando tanta gente está de vuelta, con pasión, con gozo, unido a los hermanos y hermanas, puede ser una aventura apasionante.