Emmaus

Jesús nos envía, una vez que hemos experimentado su amor y le hemos conocido en el profundo santuario de nuestro corazón. Sin intimidad con Cristo, no hay envío. Cuanto más amor le tengamos al Señor, más nos encomendará sus cosas más queridas. Si se agota nuestro amor hacia Él, la misión y el envío se resentirán rápidamente y nos convertiremos en campana que suena pero que no convoca a nadie. La fecundidad tiene siempre mucho que ver con la conversión y la unión con Cristo.

Para el envío, pone como condición una pobreza que es nuestra mayor riqueza, pues sólo se puede expresar la riqueza que es Cristo desde lo que somos y tenemos, pobremente. Aunque parece exagerado lo de no tomar nada para el camino, no llevar ni pan, ni alforjas, ni calderilla, en el fondo no es más que experimentar la confianza en la providencia de Dios que siempre nos cuida y nos invita a mirar y a contemplar a los pájaros y a los lirios del campo, ¡cómo los cuida el Padre! Mucho más nos cuida a nosotros.

La clave es que, cuanto más nos fiamos de Dios, más se manifiesta su bondad, más actúa en nuestro favor. Todo lo demás son anécdotas. La experiencia en la vida cristiana es saber que, cuando nos ponemos en sus manos con una infinita confianza, el Señor saca adelante todo y no nos falta nada de nada. Lo han experimentado todos los santos, a veces en cuestiones heroicas. Vive esta experiencia y cree en ella como verdad. Intenta poner en práctica el Evangelio y te quedarás sorprendido, porque no sólo no te faltará nada, sino que vivirás aquello que expresaba san Juan de la Cruz: «Cuando no quise nada, lo tuve todo».

Se trata de seguir a Jesús que nos envía de dos en dos. Es esencial que, desde nuestro amor personal al Señor y a los hermanos, descubramos nuestra dimensión comunitaria. Nos envía de dos en dos, ¿será por algo? Sobre todo porque la misión de la Iglesia es de todos. La corresponsabilidad es de todos, cada uno según sus fuerzas, pero es de todos; y con esto ocurre como con una orquesta, que, cuando suenan bien los instrumentos, es una obra perfecta. Pero aunque sólo uno no tenga afinado el instrumento, se nota mucho en la armonía musical de la orquesta. Necesitamos a todos.

 Es necesario ir de dos en dos; pero, sobre todo, es necesario apostar por el envío y lo que siempre es signo de estar en el Corazón de Jesús: la predilección por los que sufren. Nuestros pies se tienen que encaminar a los que viven sin ninguna esperanza. A los que vienen de todas las crisis, viven envueltos en todas ellas y siempre sin ninguna esperanza de salir de ellas. Sólo mirando a Cristo y a su Iglesia, sólo descubriendo que somos enviados de dos en dos y asumiendo que la pobreza es riqueza de los creyentes, daremos en la diana.

 Dios no elige a los capaces, sino que capacita a los que elige. Él no puede darnos una misión, ni enviarnos, si antes no ha preparado nuestro corazón y nos da su gracia y su fuerza para cumplirla. Jesús es Dios hecho hombre que comprende y sabe que nuestra pobreza con Él nos hace ricos.

 Francisco Cerro Chaves,
obispo de Coria-Cáceres
 
DOMINGO XV DEL TIEMPO ORDINARIO

 

envio2Lectura del santo evangelio según san Marcos (6,7-13):

En aquel tiempo, llamó Jesús a los Doce y los fue enviando de dos en dos, dándoles autoridad sobre los espíritus inmundos. Les encargó que llevaran para el camino un bastón y nada más, pero ni pan, ni alforja, ni dinero suelto en la faja; que llevasen sandalias, pero no una túnica de repuesto. Y añadió: «Quedaos en la casa donde entréis, hasta que os vayáis de aquel sitio. Y si un lugar no os recibe ni os escucha, al marcharos sacudíos el polvo de los pies, para probar su culpa.» Ellos salieron a predicar la conversión, echaban muchos demonios, ungían con aceite a muchos enfermos y los curaban.

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