“¿Por qué no puedo acompañarte ahora? 

Daré mi vida por ti”. (Jn 13,37) 

 

Yo sé que mi fe tiene sombras, lo sé.

Yo sé que mi amor tiene sombras, también lo sé.

Yo sé que mi esperanza tiene sombras, claro que lo sé.

Y mi ternura, también tiene sombras.

Mi tierra es tierra de penumbras.

 

¿De donde vienen mis desencuentros contigo, Señor?

Quiero dar mi vida por ti y no puedo. Te lo digo, pero no es verdad.  

¿Cómo despojarme de mis sombras e ir a ti, desnudo, como tú?

Enséñame tú, que te despojaste de todo y nos los diste todo.

Mis sombras, para ti. Tu luz, para mí.

¡Qué admirable intercambio! Sin ti no puedo nada.

 

Desde lo hondo de todas mis ausencias, te invoco, Señor.

Desde lo hondo de mis desesperanzas, te invoco, Señor.

Desde lo hondo de mi desconcierto, te suplico, Señor.

Desde lo hondo de mi fracaso, te grito, Señor.

Desde lo hondo de mi pobreza, alzo las manos hacia ti, Señor.

Desde lo hondo de mi soledad, ten piedad de mí, Señor.

Desde lo hondo de mi pecado, ten misericordia de mí, Señor.

Desde lo hondo de la nada, me abro a tu palabra que crea el ser.

 

 

¿Hasta cuándo se quebrarán los sueños de los más pequeños?

¿Hasta cuándo se arrugará el amor ante la violencia?

¿Hasta cuándo se agrietará la fidelidad por miedo?

¿Hasta cuándo triunfará el pecado que oculta tu gloria en nuestro rostro?

 

Tú lo puedes todo. Sin ti soy un caso perdido.

Dicen que tú eres débil en nuestro mundo. Pero no es verdad.

Tú no humillas a nadie, ¿a eso llaman debilidad?

Tú te haces uno de tantos, ¿es eso debilidad?

Tú no levantas el puño, sino que tiendes la mano, ¿será acaso eso debilidad?

Tú siembras sin darte un respiro, confiado en la semilla, ¿eso es debilidad?

Nunca recurres a la violencia para imponer, ¿a eso dicen debilidad?

Vas a la cruz por amor, ¡bendita debilidad!

En tu debilidad crece y crece tu amor, hasta convertirse en derroche.

 

Le habitaban las sombras por dentro,

te dijo palabras que el viento se llevó como una hoja seca de árbol.

Tú no creíste lo que decían sus labios.

Simón Pedro, tu amigo, quedó desconcertado.

Pero Tú le seguiste ofreciendo tu amistad.

Era de noche, pero Tú estabas ahí en medio.