Sin negar los pecados que tenemos en la Iglesia y que no podemos justificar, es tiempo de asumir con madurez nuestra fe y salir adelante, iluminados por el Evangelio y sostenidos por la oración y la solidaridad eclesial, sin dejarnos apabullar.

Por ello, desde este sencillo espacio, vaya nuestro apoyo sincero al Papa Benedicto XVI, a quien admiramos por su lucidez evangélica, por su valentía en afrontar los problemas, por su claridad en indicar soluciones y por su invitación a un nuevo éxodo, que nos haga dejar el pasado y caminar hacia tiempos nuevos, aunque tengamos que pasar por desiertos.

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