Santa Teresa se comparó a sí misma a un castillo. Se vio como si ella y cualquier persona fuera igual que un castillo. Una imagen que en su tiempo se encontraba en cualquier pueblo y por cualquier camino. Castilla, tierra de castillos.

Cuando a los sesenta y dos años nuestra Santa se puso a escribir un libro sobre la aventura de la fe y de su intimidad personal con Dios, un libro que fuera como el retrato de su alma, comenzó diciendo que su alma y “la nuestra es como un castillo todo de diamante o muy claro cristal”.

Esa imagen centró todo el argumento de su libro. Dio unidad de sentido a todas las ideas dispersas que se le fueron ocurriendo. Y como se iba a valer de las diversas estancias en que se divide un castillo por dentro, para describir los distintos espacios que uno tiene que recorrer hasta llegar a la unión con Dios, lo llamó el Libro de las Moradas o del Castillo Interior.

Ella y cualquier persona puede compararse también a un castillo, porque por dentro de sí hay como unas moradas ocupadas por quien uno sabe.

Siete Moradas

Al compararse ella por dentro a un castillo interior, vio dentro de sí misma como muchos espacios agrupados en siete estancias o moradas. En el libro las va describiendo una a una, en otros tantos capítulos.

Se ve como una pobre enamorada buscando a su Amado, su Señor, recorriendo salas y salas hasta llegar al torreón del homenaje en el centro del castillo, la morada séptima. Lo busca para gozar de su presencia, viviendo en su compañía e intimidad de amor.

Un castillo transparente

Con la imagen del castillo nuestra Santa podía habernos querido sugerir lo que un castillo muestra a simple vista: la fortaleza de los muros, la solidez de sus cimientos, la aspereza de la roca sobre la que se alza. Pero no, no es eso lo que nos quiere decir comparando a la persona con un castillo.

La persona, el alma, es resplandor, transparencia. Ella se ve como un castillo, pero un castillo todo de un diamante o muy claro cristal, para que la luz de Dios la penetre, la inunde, la envuelva, la abrace.

 

Un castillo, casa familiar

El castillo sugiere también la idea de casa habitada de una familia que hace su vida allí, de confidencias en sus salas, del gozo de vivir juntos, de la compañía, de la comunicación entre sus moradores.

Eso mismo es lo que tiene que sugerirnos la conciencia de que somos morada o castillo de Dios. Castillo de un rey tan poderoso, tan sabio, tan limpio, tan lleno de todos los bienes. Rey del amor, del amor profundo, que lo que busca es ganarnos para su reino de amor, comunicarse con nosotros, darnos su Palabra y su compañía.

¿Cómo llegar hasta Él?